Melchor
Soy Melchor. Me encontraron amarrado en una plaza antes de Navidad de 2018; creían que iban a matarme para las fiestas. Tras ser rescatado, viví en Olmué hasta que necesité más espacio y compañía. Así llegué al Santuario Clafira.
Al apadrinar un animal del Santuario Clafira, te conviertes en parte de su historia. Tu apoyo mensual asegura su alimentación, cuidados y un hogar digno para toda la vida.
Apadrinar no es solo donar. Es comprometerte con la vida de un animal que alguna vez fue ignorado, explotado o maltratado.
Gracias a tu apoyo, podemos garantizar su bienestar día a día, desde su alimentación hasta sus cuidados veterinarios y su recuperación emocional.

Soy Melchor. Me encontraron amarrado en una plaza antes de Navidad de 2018; creían que iban a matarme para las fiestas. Tras ser rescatado, viví en Olmué hasta que necesité más espacio y compañía. Así llegué al Santuario Clafira.
Bruce forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Soy Vincent. Era compañero de un caballo en una caballeriza. Cuando él murió, no logré adaptarme a otros caballos y me entregaron en adopción. Llegué al Santuario Clafira, donde encontré mi grupo entre las cabras.
Soy Flores, una conejita que vivía como mascota antes de llegar al Santuario Clafira. Aquí encontré un hogar donde recibo los cuidados que necesito.
Me rescataron de un criadero durante el incendio de 2024, con mis cuatro patitas quemadas y desnutrición. Hoy vivo en el santuario, en un corral de suelo blando, y recibo cuidados mensuales en mis pezuñas para ayudarme a apoyar mi peso y seguir recuperándome.
Soy Melona. Me rescataron muy guagua mientras vagaba por los cerros de Gómez Carreño. Llegué al Santuario Clafira para acompañar a Sandía, pero nuestros distintos niveles de energía hicieron que necesitáramos espacios separados.
Soy Mabel. Fui abandonada en Laguna Verde junto a otros animales. Cuando una agrupación animalista supo que querían venderme para carne, me rescató. Así llegué al Santuario Clafira, donde hoy vivo segura y cuidada.
Vivía en una granja creada para unas niñas, en condiciones inadecuadas. Una de ellas y los trabajadores buscaron un hogar para mí. Así llegué al Santuario Clafira, donde hoy vivo segura y cuidada.
Nos compraron como trofeos y vivimos mucho tiempo en un espacio pequeño, con pocos cuidados. Cuando ya no pudieron mantenernos, llegamos a un santuario. Hoy compartimos con otra cierva, jugamos y descansamos bajo los árboles, con el respeto y cariño que merecemos.
Me encontraron en los cerros de Valparaíso con un hachazo en la cabeza, herida y desconfiada. Quienes me rescataron me ayudaron con paciencia a recuperar la confianza. Hoy vivo con mis cicatrices, junto a una familia que comprende mi dolor y me cuida.
No podía extender mis patas delanteras y mi dueño quiso enviarme al matadero para no pagar mi tratamiento. Me rescataron y, gracias a una cirugía y cuidados veterinarios, mejoré. Hoy vivo libre junto a otros caballos. Deseo esta segunda oportunidad para todos los animales.
Leo forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Me rescataron tras ser atropellada, sola, desnutrida y muy débil. Llegué al Santuario Clafira sin que supieran que estaba embarazada. Dos meses después nació mi hijo Leo y, desde entonces, hemos permanecido juntos y protegidos.
Soy Pantruca. Llegué adulto al Santuario Clafira hace muchos años. Hoy soy muy viejito y recibo los cuidados que necesito para seguir disfrutando de mi vida.
Me adoptaron de pequeña, pero la niña de la familia se subía a mi espalda y yo reaccionaba al sentirme incómoda. Decidieron darme en adopción y llegué a un refugio. Aquí respetan mi personalidad, me tienen paciencia y puedo ser yo misma.
Anita forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Lucas forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Milagros forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Ambar forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Pamela forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Verruga forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Estaba amarrada mientras el fuego consumía el cerro, sin poder escapar. Me rescataron y logré sanar. Unos estudiantes reunieron dinero para comprar nuestra libertad. Hoy vivo en un santuario junto a mis compañeros, sin cargar humanos ni temer por mi vida.
Soy Pastora. Llegué por mi cuenta al santuario, muy flaca y con lazos de trampas incrustados en mis patas traseras. Tras una operación y meses de recuperación, puedo moverme sin mayores secuelas, aunque aún les tengo miedo a los humanos.
Crush forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Soy Lucho. Me tenían encerrado en un canil, separado de los otros perros de un criadero de gran danés porque había peleas. Llegué muy flaco al Santuario Clafira, donde hoy recibo cuidados.
Vivía en los cerros con mi familia hasta que unos perros me atacaron y dañaron mi pata trasera. Días después me rescataron y me llevaron al santuario, donde recibí cuidados y sané. Hoy vivo segura gracias a quienes cambiaron mi destino.
Mientras crecía en el vientre de mi mamá, Wila Wila, ella sufría por falta de alimento y agua. Al llegar a un lugar seguro, recibió cuidados y ambas mejoramos. Allí nací, rodeada de cariño, en el hogar donde nos adoptaron y protegieron.
Willie forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Nací en los cerros de Limache, criada para consumo humano. Estando embarazada, atravesé una malla y llegué a un refugio. Allí compraron mi libertad y meses después nació mi hija, Libertad. Hoy vivimos juntas y protegidas.
Soy Catalina Eduarda, hija de Ricarda y nieta de Carla, la primera vaca rescatada del Santuario Clafira. Nací aquí y he crecido segura y cuidada.
Ricarda forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Turuleca forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Soy Clarita. Vivía en un criadero de huevos, con el pico cortado y sin plumas por el estrés. Cuando bajó mi producción, me descartaron. Llegué al Santuario Clafira en un saco junto a otras gallinas. Aquí mi vida vale más que los huevos que pueda poner.
Cebollín forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
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