Esperanza
Vivía en los cerros con mi familia hasta que unos perros me atacaron y dañaron mi pata trasera. Días después me rescataron y me llevaron al santuario, donde recibí cuidados y sané. Hoy vivo segura gracias a quienes cambiaron mi destino.
Al apadrinar un animal del Santuario Clafira, te conviertes en parte de su historia. Tu apoyo mensual asegura su alimentación, cuidados y un hogar digno para toda la vida.
Apadrinar no es solo donar. Es comprometerte con la vida de un animal que alguna vez fue ignorado, explotado o maltratado.
Gracias a tu apoyo, podemos garantizar su bienestar día a día, desde su alimentación hasta sus cuidados veterinarios y su recuperación emocional.

Vivía en los cerros con mi familia hasta que unos perros me atacaron y dañaron mi pata trasera. Días después me rescataron y me llevaron al santuario, donde recibí cuidados y sané. Hoy vivo segura gracias a quienes cambiaron mi destino.
Mientras crecía en el vientre de mi mamá, Wila Wila, ella sufría por falta de alimento y agua. Al llegar a un lugar seguro, recibió cuidados y ambas mejoramos. Allí nací, rodeada de cariño, en el hogar donde nos adoptaron y protegieron.
Willie forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
Nací en los cerros de Limache, criada para consumo humano. Estando embarazada, atravesé una malla y llegué a un refugio. Allí compraron mi libertad y meses después nació mi hija, Libertad. Hoy vivimos juntas y protegidas.
Soy Catalina Eduarda, hija de Ricarda y nieta de Carla, la primera vaca rescatada del Santuario Clafira. Nací aquí y he crecido segura y cuidada.
Ricarda forma parte de los habitantes del Santuario Clafira.
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